…y encontré la casa de Fran (2ª Parte)
Según él, acababa de cumplir treinta y seis años, noté que su rostro comenzaba a adquirir un gesto de irascibilidad, los ojos parecían salirse de sus órbitas y el tono grave de su voz me sobrecogía…
Según él, acababa de cumplir treinta y seis años, noté que su rostro comenzaba a adquirir un gesto de irascibilidad, los ojos parecían salirse de sus órbitas y el tono grave de su voz me sobrecogía…
Me acerqué a la taquilla de la estación, pues mi destino final era una pequeña aldea llamada Gutilla. El hombre, que me miraba muy extrañado, me explicó que debía tomar el bus urbano que me llevaría a lo largo de tres kilómetros. Que me apeara en la última parada y desde ese punto, continuara a pie durante dos kilómetros más por un sendero ascendente, hasta llegar a Gutilla.
Reportajes… Redactar un reportaje periodístico, puede ser un acto sencillo. Sin embargo, la obtención de los datos para elaborar la historia requiere de un proceso de investigación, de obtención de … Leer más
Me encontraba en la biblioteca, buscando misterios de la ciencia, intentando encontrar un tema que me inspirara. Quería que mi novela fuera diferente, enigmática. Era Antropóloga, me dedicaba a la investigación y en mis ratos libres a escribir.
De pie, frente al ventanal, sosteniendo entre sus manos una taza de café humeante, se encontraba Laura, extasiada observaba caer la lluvia sobre el jardín. A sus pies, se hallaba tumbado su anciano perro Klaus. Cualquiera pensaría que estaba absorta recordando el pasado, pero no era así. Hacía ya muchos años que había enterrado la mayoría de sus recuerdos.
¿Podemos imaginar cómo sería el mundo si no existieran las palabras?
Nos definimos a través de las palabras, nuestros pensamientos se construyen a través de ellas. Cada elemento de la existencia esta representado por una o varias palabras, por esta razón me atrevo a afirmar que “somos palabra”.
«Si perdemos la palabra lo perdemos todo y desaparecemos como especie».
Hacía casi tres años que Alicia trabajaba en esa estación de servicio. Todos los días se preguntaba así misma por qué tenía que aguantar esa situación, no solo porque allí se veía abocada a realizar un trabajo que no requería cualificación alguna, sino que además tenía que aguantar los maltratos de Encarna, la encargada. Una mujer entrada en años, delgaducha, con la piel blanca, de aspecto casi enfermizo, unos dientes de caballo que no armonizaban con el resto de su rostro.
La sombra de la abuela recorría los rincones de la vieja casona. Alguna vez me pareció verla a lo lejos, el miedo se apoderó de mí y se me helaron los huesos. Poco a poco me acostumbré a sentir su presencia. Quizás porque mi abuelo decía que ella le hacía compañía. Que no se había marchado y que no se iría sin él.
Siempre que nos sobreviene una situación que hace que nuestra vida de un giro inusitado, hablamos de un antes y un después y nos enmarcamos en ese después.
Los días de encierro se sucedían uno tras otro, un silencio sobrecogedor crecía e invadía aquel espacio que cada vez se hacía más pequeño, la noche se juntaba con el día y se perdía la noción del tiempo…. Mis pies descalzos rozando la tibia madera del suelo, se movían lentamente de manera concéntrica, haciendo que girara sobre mi misma. Me sentía suspendida en el tiempo, en aquel espacio.