El despertar de Alicia

Hacía casi tres años que Alicia trabajaba en esa estación de servicio. Todos los días se preguntaba así misma por qué tenía que aguantar esa situación, no solo porque allí se veía abocada a realizar un trabajo que no requería cualificación alguna, sino que además tenía que aguantar los maltratos de Encarna, la encargada. Una mujer entrada en años, delgaducha, con la piel blanca, de aspecto casi enfermizo, unos dientes de caballo que no armonizaban con el resto de su rostro.