Se cerraron para siempre las puertas de la vieja casona

La sombra de la abuela recorría los rincones de la vieja casona. Alguna vez me pareció verla a lo lejos, el miedo se apoderó de mí y se me helaron los huesos. Poco a poco me acostumbré a sentir su presencia. Quizás porque mi abuelo decía que ella le hacía compañía. Que no se había marchado y que no se iría sin él.